martes, noviembre 10, 2009

Ciudad espejo


Los que somos observadores sabemos que en esta ciudad no hay paredes sino grietas de hormigón; que la lluvia oxida el metal y las flores por igual; que la prensa escrita es capaz de tapizar barrios enteros; que el cemento mojado tiene un olor característico; que los desperfectos son inmutables, y los perfectos mutables; que la complejidad climática es palabrería cuando ésta puede ser reducida a una triste y monótona canción de invierno; y que todo marchita igual que nuestro cuerpo: farolas de cobre, alambres de púas, carritos de compra convertidos en casas andantes, botellas de vidrio sin marca ni historia, polvo y más polvo; y nubes que descargan sus penas sin reparar que éstas acaban siendo adoptadas por la gente de abajo.

Pero hay veces en que esta ciudad me seduce: cuando abro la ventana y la transpiración de la ciudad irrumpe la soledad de mi cuarto, y veo que mis lágrimas no están solas pues las nubes también lloran, y que el cielo grisáceo esconde el sol bajo un manto de gases varios; y que no oigo ni pájaros cantando al unísono, ni la melodía que orquestan las olas al romper en la arena, ni la voz tranquila del silencio, o la voz de ella; y que en cambio junto al aire viciado arremete el ruido de cientos de sirenas augurando tragedia; o de coches estremeciéndose ante semáforos daltónicos; o de parsimoniosos biciclos taladro; o del voraz camión basurero; o del borracho del cuarto maldiciendo el trago; o del grotesco gemido del prostíbulo de abajo y del metal triturado de las peleas callejeras...  Me gusta. Me gusta cuando abro la ventana y veo un espejo.

Porque estarás de acuerdo conmigo en que no hay nada más dañino para el alma que llorar mientras el viento sonríe; que temblar de frío mientras el sol se aposenta en la cúspide del cielo en un día de verano; o  que la luna camine esbelta y recta mientras tú doblegas tu cuerpo, quizás pensando que así, en posición fetal, te libres del mal sueño que te aguarda la noche.

Hoy abro la ventana. Respiro hondo. Llueve. Un escalofrío recorre mi magullado cuerpo mientras escucho el embrollo de la ciudad. Y me gusta lo que veo, lo que huelo, lo que toco, lo que oigo. Y que no vuelva el Sol en unos cuantos días. Pero si lo hace, que lo haga por la noche, mientras duerma.

2 llamas de fuego:

=) dijo...

El millor l'últim paràgraf.
Quin escrit més suggerent i més... no sé com dir-ho. Més apassionant?
Gràcies nebur. Fa il·lusió entrar a serdefuego i trobar-se una entrada nova.
un peto fort i una abraçada,
marta

Moli dijo...

Quin crack! Sempre cremant ànimes a costa d'encendre els teus pensaments

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