
Arrebato nocturno,
Allí donde pisas remueves la tierra, allí donde nadas prendes de fuego los mares; allí donde vuelas inundas los cielos de turbulentos ventares. Pero me da lo mismo, lo sabes.
Y me miras, fijamente, con esos ojos que seducen mis gestos y tientan mi cuerpo.
Todo tú eres instante, todo tu eres ahora...
Y ahora deseas, eres puro deseo.
Deseo que arropa mi espalda; que calienta mis dedos; que acuna mi vientre; que canta con voz oscura y sedienta, a mi oído, directo al cerebro, directo al desconcierto de mis células, sinfonía que estremece mis partículas cual ruido estridente de cien relámpagos.
Sí, nos da lo mismo. Hoy compartimos la misma suerte: hijos ambos de la noche y sus pasiones, del no remordimiento.
Y se queman primero mis labios, luego mi cara y mis ojos, luego mi cuello, mi vientre y mi sexo: te conviertes en fuego, en apetito infinito. ¿Y qué puede mi cuerpo sino abandonarse a los azares de tu capricho, hoy que rompes mi gravedad y mi tierra, dejándome solo, apenas y un sentimiento en la nada, apenas y un instante en el vacío?
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