A juzgar por la experiencia de nuestros siempre fugaces encuentros creía que no volvería a saber de ella hasta que llevados de la mano de la coincidencia nos reencontrásemos en otro lugar inesperado, con una rápida sonrisa seguida de otro sutil momento de adioses. Al menos así había sido siempre. Pero esta vez fue diferente: esta vez pudimos crear una burbuja hermética en medio de todo aquel bullicio nocturno, un pequeño inciso entre tanta fiesta y tanta charla preempaquetada. Por primera vez logramos sentarnos tranquilos y entablamos una conversación decente. De lo que surgió a partir de ésta quiero hablaros, sin entrar en las minuciosidades del detalle. Prefiero que éstas queden imperturbables en mi intimidad, bien dentro de mí, donde sólo el silencio y la voz muda del recuerdo puedan entablar diálogo con ella. Sí que me gustaría, sin embargo, decir que hubo algo en mi conversación con ella que cambió repentinamente un sentimiento de incomodidad y leve desesperanza que me asolaba, por otro de tranquilidad y sosiego.
Intentaré compartiros ese algo...
Imagínate por un momento que todo aquello que te acontece, todas aquellas personas que conozcas, desde quien te cae mal hasta el más íntimo de los amigos, todos ellos participasen de una misma condición anímica y mágica por igual. Imagínate por un momento que todos ellos fueren portadores de un mensaje, de un significado oculto a las apariencias pero tan real y tan propio que en cuanto revelado fuere capaz de remover tu vida de pies a cabeza. Imagínate por un instante que te olvidaras de preguntar el por qué de las cosas, cambiándolo por un para qué; qué hay en esto que me ocurre y qué quiere decirme; qué puedo aprender de él o de esto que ha hecho aquél y para qué se me ha presentado esta oportunidad de aprendizaje. No se trataría por tanto de buscar explicaciones causales a los hechos, sino de ver cómo estos se conectan y dibujan un recuadro que quizás muestre otro sendero...
Creo que de adoptar esta actitud frente a la vida, la de ver su trasfondo como una y misma voz que habla con sabiduría, que le conferiría un sentido renovado, un saberse colocar en el mundo y a través del mundo distintos. Y aunque puede que para muchos ese "distinto" les deje indiferente o les incomode, por lo menos para mí, esta noche, ha tenido el efecto de recoinciliarme conmigo mismo. La brisa entonces ya no sería brisa sino la voz del aire. El que odio o el que me hace sentir mal ya no serían meros objetos de mi ira desde el momento en que a través de ellos también hubiere una comunicación viva y real con el cosmos. Imagínate tan sólo por un instante que esto es así, tan real como la gravedad o el objeto que tienes frente a tus ojos. ¿No le conferiría una nueva dimensión a lo cotidiano, como aire fresco y renovado a los pulmones? ¿No actuaría como antídoto para el aborrecimiento y victimismo de un vivir inmerso en lo impersonal, donde cada cual actúa según el impulso también impersonal de las corrientes colectivas?
Sólo imagínate por un instante, que las cosas y los hechos te hablaran, y cómo esto podría cambiar la forma en que aprecias y eres apreciado por el mundo... Quizás en el fondo en el fondo no se trate de una cuestión de verdad o mentira, sino de elegir en el seno de nuestro corazón. Al fin y al cabo vivir la vida y el modo en que la vivimos es precisamente esto, una elección que en algún punto determinado de nuestro sendero hemos escogido.
En fin... pensamientos que esta noche me han enamorado.
1 llamas de fuego:
me encanto, es hermoso :)
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