Ser de Fuego
viernes, marzo 12, 2010
Los ojos del abismo
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sábado, diciembre 12, 2009
La magia existe
No lo dudes nunca, amiga mía, la existencia de la magia. Porque existe: Magia es que estemos hechos de polvo de estrellas y del rastro de cometas errantes. Magia es que existamos, que por alguna razón incomprensible algo o alguien o quién sabe qué dibujara el trazo de la consciencia en una masa infinitamente condensada de partículas elementales en el inicio de los tiempos; y que eones y mil millones de galaxias más tarde aquí estemos, polvo de estrellas que habla, siente, comunica; rastro de comentas errantes celebrando un cumpleaños y que, una noche más tarde, es capaz de preguntarse por la naturaleza de su propia existencia. La magia existe, que no te quepa ninguna duda. Es a través de ella que una gota de vida puede susurrarle al oído de otra , aún sin estar a su lado en el instante en que lea estas líneas, que es un placer y una suerte formar parte de su vida.
Happy birthday, Marta!
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martes, noviembre 10, 2009
Ciudad espejo
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miércoles, octubre 21, 2009
Un despertar diferente
Aquí pierdes la noción del tiempo.
Y éste transita, transmuta.
De repente una bomba estalla en tu cerebro e irrumpe la dilatada tranquilidad de tu caverna: es la lluvia de cientos de colores y sonidos inundando tus órganos perceptivos; es caos que perturba y seduce al mismo tiempo. Decides entonces volcarte por entero a imponerle coherencia y significado sin atender al fuerte hormigueo que recorre tu cuerpo, como si aquel esfuerzo reactivase unos músculos, ligamentos y articulaciones de un profundo y largo letargo.
Transcurre un largo y desesperanzante rato, pero por fin lo distingues: es la voz de un niño pequeño; es la presión que ejercen sus brazos en tu cuerpo recostado; es el llanto de una mujer que acaricia tu frente mientras te observa bajo el prisma de las lágrimas. Es el calor de sus dedos, de su piel suave, aterciopelada, cariñosa. Y aquél pequeño saltamontes… eres incapaz de entender por qué desborda de alegría. O por qué pone su cabecita en tu pecho mientras grita con todas sus fuerzas: “¡Papa, papa, has vuelto papa, has vuelto!”
Y si bien aún no entiendes nada.
Tu corazón ahora lo entiende todo: el pequeñín es tu hijo; ella es su madre; y tú, tú acabas de despertar de un coma.
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lunes, octubre 12, 2009
Insomnio
Padezco insomnio.

Siento que mi cuerpo está en alerta y agudiza sus funciones más básicas. Mi corazón palpita aceleradamente y mi estómago está contraído. Me viene a la mente una imagen muy concreta: soy capaz de trasladar mi consciencia bajo mi piel, dentro de una de mis venas recubierta de fibras musculares. Adentro, un medio acuoso fluye con rapidez y transporta todo tipo de sustancias que distingo con inusitada facilidad.
Mi cerebro está maquinando velozmente, millones de células orquestrando una sinfonía eléctrica que conquista diversos confines de esta masa gelatinosa y arrugada. Intuyo que la totalidad de esta actividad es la que posibilita el epifenómeno que llamamos consciencia. Una cualidad recursiva fascinante: ser consciente de que sólo siendo consciente soy capaz de escribir lo que escribo, pensar lo que pienso, y ver lo que veo: estoy recorriendo varios conductos sanguíneos que me transportan por diversos órganos vitales, y que me permiten entender el por qué de todo este desvarío nocturno.
En este instante en que mis dedos presionan con fuerza las letras del teclado, experimento lo que algunos conocen como un proceso inadaptativo de estrés: una respuesta fisiológica a un estímulo absurdo: apenas ha sido un pensamiento el detonante. Esta respuesta activa, en primer instancia, la secreción de unas hormonas por parte de mi hipófisis que atraviesan el influjo sanguíneo para llegar a las glándulas suprarrenales y forzar la producción masiva de otras hormonas. A consecuencia de estas últimas, mi sistema autonómico entra en un estado de desequilibrio y alerta: transpiro más de lo normal, mi corazón sufre taquicardias, la respuesta galvánica de mi piel cambia, mi percepción agudiza, mis músculos tensan y se preparan para una respuesta rápida y precisa. Y mis pensamientos, mis pensamientos deambulan de un lado a otro como un péndulo cuyo período de oscilación sigue un función de elevada frecuencia.
¿Qué ha desencadenado este desequilibrio fisiológico que perturba mi sueño? ¿Habrá sido algún pensamiento amenazante en concreto? ¿O será que estos pensamiento son el subproducto de una activación corporal previa a éstos?
Aquí van algunas de mis elucubraciones mentales: He pensado en el proyecto que quiero presentar sobre los procesos de afrontamiento en pacientes recién diagnosticados de cancer; he hipotetizado sobre los posibles factores que determinan que un paciente suscriba un proceso terapéutico naturista en detrimento del convencional. En concreto, intuyo que se trata de un desconocimiento sobre algunos principios fundamentales de la estadística y de la incapacidad de diferenciar los distintos grados de validez que presentan los diversos tipos de evidencia.
He pensando en mi buena amiga Laura, con quien tuve una charla "terapéutica" el otro día por teléfono; también en una exnovia que me hizo algo de daño, y de que si bien nuestra inherente capacidad de memorizar y rememorar los hechos de nuestra historia biográfica es en ocasiones útil y adaptatitivo, otras nos condena.
Y esto lo escribo sin parar, sin tregua, sin mirar atrás, sin buscar adornar las palabras ni buscar coherencia en las frases. Que sea éste el retrato del hilo de pensamientos que esta noche me mantiene en vilo. Que sea ésta la receta para paliar el insomnio...
Ahora sí, me pesa la gravedad de mis párpados...
Ha funcionado.
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sábado, agosto 22, 2009
Sombras Lunares

En la Baja California se alza la Luna paciente y valerosa: cumple con el grave propósito de dar movimiento a la sustancia de los mares, y bañar con pálida luz blanca a las criaturas del desierto. Vegetales ponzoñosos y rocas calizas, matorrales secos y sedientas grietas terrestres: todo fecunda con el peso de sus rayos.
Y de esta unión nacen las hijas de la noche al compás de la marea: atadas a la tierra del fuego y a la soledad destilada de las rocas viven las Sombras Lunares como islotes de arena entre mares desolados, o materia de relámpago entre cielos despejados.
Pero la Luna sigue tierna e impasible el sendero de la noche, hasta hundirse bajo el horizonte que conduce a las entrañas de la tierra. Y cuando vuelven las grandes corrientes marinas a su estado primerizo, y la química del polvo se arma contra la dilatación del día... La gravedad del Sol sella su agridulce condena: un vivir libre de los escrúpulos del Tiempo y las prisiones del Espacio; pero sujeto por siempre al caprichoso romance de dos cuerpos celestes.
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lunes, octubre 20, 2008
El hombre que dio su vida por una palabra

Desde que recuerdo siempre me han cautivado las palabras. Nunca he sido capaz de entender cómo algo tan efímero, compuesto de diminutos símbolos que en si mismos solo representaban la voz de un fonema, es capaz de contener el relieve de una idea, y la suma de éstas, de aprehender hasta la más sublime de las manifestaciones del mundo. En clase teníamos una profesora que nos contaba -porque sus clases eran para mi como relatos de cuentos fantásticos- que cada cultura y cada persona mantenía una relación única e intransferible con la palabra, sea cual sea su formato. Y luego nos hablaba sobre civilizaciones antiguas, sobre la raíz de muchas de las palabras; nos contaba también alguna historia de la literatura Universal, y así hasta agotar cada segundo de la hora de Castellano, antes del recreo. Recuerdo que sus clases tenían todas una misma pregunta de trasfondo que aún, cincuenta años después, sigo sin atinar una respuesta: ¿cómo es posible que en algo tan común puede manifestarse al mismo tiempo algo tan privado e íntimo como la voz del propio pensamiento?
Supe desde entonces que a través de ese espíritu Universal se manifestaba lo extraordinario: que las palabras no conocían el tiempo ni los desastres del olvido; que su composición era de éter y su hábitat el reino de lo escrito y lo hablado; que eran seres de cuya naturaleza todo es posible y nada es sabido... ¡Todo es posible y nada es sabido! Resonaba en mi interior como cuando un grito es recibido por una de esas cuevas que conducen hasta los genitales de la tierra.
No miento cuando digo que a día de hoy me siguen cautivando como el niño que se encuentra por primera vez cara a cara con la vastedad del océano; o como el amor de dos adolescentes embobados: ojos incrédulos y corazón vulnerable. A ese estado primerizo regreso cuando de repente me encuentro con una combinación nunca antes vista de ellas, formando una figura cuyos contrastes y colores nunca antes había concebido; o cuando revelan una idea virgen, nunca antes formulada, pero tan evidente que perturbaran el vilo de todas las demás... Ese poder es el que me abruma: que sean al mismo tiempo quienes forjan mi pensamiento, el continente de mis percepciones, y el vehículo de mis ideas. Y ¿Qué otro ser o fenómeno ontológico puede evocar tres condiciones tan dispares y tan sustanciales al mismo tiempo, sino La Palabra?.
Se que ellas viven, no tengo la más mínima duda. Aunque cobran vida solo a partir de ser leídas. Necesitan de esa transferencia energética para vibrar y resonar. Por ello que su existencia no es independiente: un vivir atado a la inexorable necesidad de unos ojos y una mente que les aprehenda y les regale, por esos leves instantes, un cachito de su espíritu.
Mi relación con la palabra no ha sido puramente circunstancial, sino esencial: Mi vida hoy la dictan ellas, el deseo de producirlas, de zambullirme en sus aguas turbulentas, de utilizarlas y ser utilizado por ellas. Hoy por fin entiendo que estoy compuesto de palabras, solamente palabras: Ellas gobiernan mis sentires, acunan mis esperanzas y desconsuelos, hasta el más insignificante de mis actos. Algunos no me creen cuando les digo que mi compromiso con ellas es sagrado, no me creen cuando les digo que mi relación con ellas es amorosa, ni tampoco lo hacen si les digo que ellas serán el recipiente de mis lágrimas el día en que mi cuerpo sucumba a los azares del tiempo. Y cuando les digo que entonces seguiré vivo, vivo a través de ellas, a la espera de que los ojos curiosos de otra persona reanimen mis memorias, me tildan de loco, de obsesionado, y en el peor de los casos me miran con los ojos compasivos de quien ve una persona enferma. Imbéciles, son todos unos imbéciles. Imbéciles que no saben que todo camino cuando unido a la palabra conduce a un vivir eternamente: tendré yo entonces mil vidas, transfiriéndome al cuerpo del otro, sintiendo la sangre y la imagen de su retina como si fueran las mías. Porque yo soy mis vivencias en primer plano, y en segundo mi cuerpo. Y lo segundo es reemplazable. Por eso, quienes me insultan sólo pueden hacerlo desde la incomprensión: desconocen que yo, mientras vivo, voy lentamente forjando artimañas para burlar el olvido, que es la verdadera manifestación de la muerte.
Pero me he dado cuenta de una cosa: que su uso tal cual crea también momifica y tal cual otorga también arrebata. Y esto pasa por dos motivos distintos pero intrínsecamente conectados. Primero, que las palabras no contienen por si mismas un valor determinado, sino que éste depende exclusivamente de quienes las invoquen y orquesten. Y segundo, que a menudo -y por tanto- están sujetas a las corrientes del pensamiento colectivo. O lo que es igual: al pensamiento impersonal. Bibliotecas repletas de libros y más libros, millones de palabras en trillones de distintas conjugaciones. Pero son en su mayoría libros muertos de palabras fúnebres. Tecnicismos (así les llaman hoy en día) que no contienen nada ni transfieren nada. No son personales. Quienes las escriben no realizan ese acto de transferencia, y quienes las leen se quedan igual, o peor, se quedan vacíos. Y si una lectura te deja igual, es que no tiene espíritu. Al ser hoy día un fenómeno tan común una sola cosa puede indicar: que las palabras, como quienes las escriben, están muriendo.
Por eso he decidido realizar un último acto de reverencia y de entrega. Voy a transferirles aquello que más aprecio con la esperanza -aunque ínfima- de que vuelvan a vibrar de energía. Se que en realidad es un acto ínfimo para el hombre -aunque enorme para un hombre- pero quizás sea la única manera de inspirar a otros cautivados por sus voces. Así pues, he resuelto poner fin a mi vida mientras escribo esto, para que lo que se desprenda de mi pluma y mi tintero vibre y resuene con tal magnitud que logre contagiar, con la vida que estoy abandonando, a otras palabras y a otras personas.
Aunque no te miento, no creo en el altruismo, a cambio recibio otra morada, la escrita, pero sabes, aún así he terminado por tomarle cariño a este cuerpo, que aunque cansado y magullado es, aparte de las palabras que he ido acuñando con el tiempo, lo más mío que tengo en este planeta.
FIN
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domingo, octubre 19, 2008
Imágenes oníricas

Sabía que las imágenes que se interponían en mi retina eran productos oníricos que pronto desaparecerían. Pero me daba igual. Aquello era tan nítido y los colores tan reales que me tenían igual de absortos que una luciérnaga cuando encandilada por la luz de un farol. Era el rostro de una mujer visto desde un ángulo fuera de lo ordinario. Pude desmenuzar los detalles de cada pequeña arruga como si fueran diminutos ríos dibujados en un mapa inexplorado; la textura de su piel como la planicie de un desierto inmenso, y los relieves de sus pómulos como dos montañas que crecen simétricas en sus dos puntos cardinales. Mi campo visual era como el de una lupa: el rostro no me fue dado sino en fragmentos de imágenes que se iban sucediendo con lentitud meticulosa, moviéndose suavemente, recorriendo la piel al compás de una melodía de tempo tranquilo. Visto a través de los ojos estupefactos de quien ve algo por primera vez en su vida, aquel rostro se me antojaba como un enigma que invitaba a ser descubierto...
Al rostro le siguió otra imagen, otra parte del mismo cuerpo. Esta vez la piel había emblanquecido, estaba como aterciopelada. Había trazados un contorno circular que la separaba en dos tonalidades distintas, en cuyo centro crecía una pequeña protuberancia que dibujaba la silueta de un pezón rosado, con diminutos relieves que proyectaban también diminutas sombras. En seguida me di cuenta de que era el seno de un mujer joven. Compartía el mismo grado de detalle que el rostro, un mismo trasfondo borroso que ofrecía un contraste que avivaba los colores de forma drástica, visto desde un ángulo donde cada curva era novedad y cada relieve una ruta que incitaba. Consciente de que aquello era un sueño, una imágen onírica, no pude dejar de pensar que nunca en mi vida había visto algo tan real, algo tan detallado y con tanta belleza concentrada al mismo tiempo...
Luego desperté sin poder moverme: era consciente de mi respiración y de los latidos de mi corazón, notaba cada parte de mi cuerpo y las paredes de la habitación como si también respiraran. Yací inmóvil durante no sé cuánto tiempo, totalmente consciente, constreñido en un cuerpo que aún seguía dormido mientras pensaba en aquella imagen que aún podía palpar con las manos del recuerdo.
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lunes, octubre 13, 2008
Arrebato nocturno

Arrebato nocturno,
Allí donde pisas remueves la tierra, allí donde nadas prendes de fuego los mares; allí donde vuelas inundas los cielos de turbulentos ventares. Pero me da lo mismo, lo sabes.
Y me miras, fijamente, con esos ojos que seducen mis gestos y tientan mi cuerpo.
Todo tú eres instante, todo tu eres ahora...
Y ahora deseas, eres puro deseo.
Deseo que arropa mi espalda; que calienta mis dedos; que acuna mi vientre; que canta con voz oscura y sedienta, a mi oído, directo al cerebro, directo al desconcierto de mis células, sinfonía que estremece mis partículas cual ruido estridente de cien relámpagos.
Sí, nos da lo mismo. Hoy compartimos la misma suerte: hijos ambos de la noche y sus pasiones, del no remordimiento.
Y se queman primero mis labios, luego mi cara y mis ojos, luego mi cuello, mi vientre y mi sexo: te conviertes en fuego, en apetito infinito. ¿Y qué puede mi cuerpo sino abandonarse a los azares de tu capricho, hoy que rompes mi gravedad y mi tierra, dejándome solo, apenas y un sentimiento en la nada, apenas y un instante en el vacío?
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